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Las arquitecturas y los objetos representados se sustraen a la materialidad del mundo. Cambian las concepciones lógicas, desafiando las leyes del equilibrio, como por ejemplo el baldaquino de al lado. Muchas veces las proporciones son completamente ignoradas, las puertas y las ventanas dispuestas extrañamente con medidas irreales |
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En el icono, la cara es el centro de la representación : es el lugar de la presencia del Espíritu de Dios. |
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Los ojos son el reflejo del alma que nos llama. Iluminados por la visión de Dios, los ojos nos comunican el mensaje divino de presencia, misericordia, verdad y contemplación. Las cejas refuerzan la expresión de la mirada y la frente, centro de la sabiduría e inteligencia, frecuentemente es muy alta, curva y esférica, representando la fuerza de espíritu y la sabiduría propia de los hombres de Dios. La nariz es fina y alargada, signo de nobleza. Las ventanas de la nariz son pequeñas y discretas puesto que deben expresar el dominio interno de las pasiones. Sin resaltar, ni simular demasiado, las mejillas irradian la luz interior y solo aquellas de los ascetas muestran arrugas profundas, marcas de ayuno y de vigilias. Los labios son muy finos (carentes de sensualidad), geométricos y siempre cerrados en el silencio de la contemplación. Las oídos escuchan la palabra divina. La barba, poblada y generosa, manifiesta la fuerza y la serenidad del santo. |
| San Policarpo, obispo de Esmirna, taller San-Andrés |
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El estudio del módulo bizantino de la cara nos permite el acceso al mundo ideal y casi abstracto de la estética del icono. Las formas son reestructuradas para reflejar no soló la naturaleza material de los seres, sino también la esencia : se toma la apariencia humana y se la somete a un sistema geométrico, rítmico y cromático particular más apto para sugerir la interioridad, la esencia espiritual y divina. Hasta principios del siglo XVII estos criterios simples determinaban las caras en la mayoría de los iconos. Más tarde, la influencia naturalista del occidente se impone y se dejan se usar cada vez más estos elementos. Como resultado, las caras se vuelven pesadas e insulsas, perdiendo la armonía y la luz de los iconos antiguos. |
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| Para las proporciones de la cara el iconógrafo bizantino utiliza el módulo que corresponde siempre a la medida de la nariz. Así la cabeza se inscribe en dos círculos y la aureola es determinada por un tercero. El primer círculo que tiene la nariz como radio da el espacio para los ojos y la frente. El segundo círculo compuesto de un radio de dos módulos corresponde al volumen de la cabeza. El centro de los círculos se sitúa en la raíz de la nariz entremedio de los ojos. Se colocan la pupilas a la mitad de módulo del centro del círculo, esto da un triángulo que otorga a la cara su nobleza y su finura. Este esquema es una ayuda para el artista, sin ser la estricta condición del dibujo como lo observamos al lado por el movimiento de los pelos. Pero se revela como un fondo misterioso de la obra maestra, siendo uno de los secretos de su armonía. | ![]() |
| Pantocrator, taller San-Andrés |
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